Con Tomás.

En la vorágine que representa la convocatoria de primarias en el seno del PSM con Trinidad Jiménez y Tomás Gómez como protagonistas, se suceden argumentos de todo tipo. De todos ellos, el que más me sorprende es el de la famosa encuesta, esgrimida como prueba de fe por parte de aquellos que piensan que esa es la fórmula más acertada para conocer cual es el mejor candidato.

Y la pregunta me asalta cada vez que lo oigo ¿mejor candidato para qué? Obviamente para ganar las elecciones. Esto, parecen plantearlo como un fin en sí mismo, indagando poco en las diferencias de fondo que cada candidato presenta. Esta forma de entender la política en los partidos corre el riesgo de relegarlos al papel de meras máquinas electorales sin tener muy claro quién genera realmente el discurso que se defiende ante la sociedad, y si el trabajo que se realiza va mas allá de obtener el triunfo como inercia.

Profundizar en la democracia exige un ejercicio de madurez que permita comprender que no es como las matemáticas. Los ciudadanos opinan libremente en cada momento que se les consulta pero han demostrado siempre un gran criterio y una acendrada madurez a la hora de ejercer el voto.

En el PSOE tenemos bien aprendido que nuestros líderes son muy importantes, pero que un partido fuerte, unido y volcado en el trabajo es el mejor aval que puede presentar aquel que queremos que nos represente.

Por eso, creo desacertado concluir que se debe fichar atendiendo sólo a encuestas puntuales. Debemos ser más sutiles y delicados, reparar en los matices de cada candidato, en sus trayectorias, su forma de trabajar, su capacidad de sacrificio y sus renuncias personales por el compromiso de lo colectivo. De este modo podremos descubrir tras el trazo grueso de los perfiles mediáticos –en muchas ocasiones interesados- a quién queremos que presida el Gobierno de la Comunidad de Madrid que estamos ya muy cerca de recuperar los socialistas.

Haciendo un símil cinematográfico, nadie discute la espectacularidad de las grandes superproducciones de Hollywood, tienen gran impacto mediático y grandes audiencias, pero en demasiadas ocasiones se olvidan con facilidad. Por el contrario, el cine independiente, menos encorsetado y mucho más profundo a la hora de afrontar las historias, aflora más discreto pero con el tiempo crece en valoración y muchas de esas cintas acaban siendo imprescindibles y dejando una huella profunda. Estoy segura de que a Tomás Gómez le queda mucho recorrido.

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