El alcalde casa quiere.

Inmersos como estamos en el tercer año del mandato he de reconocer que encuentro apasionante la labor que durante este tiempo he venido desarrollando como portavoz del Grupo Municipal Socialista. Trabajo no exento de dificultades pero que me ha otorgado el privilegio de estar en contacto con los ciudadanos y conocer de sus inquietudes en el día a día. Del mismo modo que también he podido colaborar con excelentes compañeros a los que agradezco sus desvelos por sacar adelante el común objetivo de hacer la oposición democrática que los ciudadanos nos han encomendado y que el alcalde de Móstoles no quiere entender como parte integrante de la Institución Municipal. Y digo que no quiere entender porque, instalado en el insulto y la provocación permanente, cuando no en el manotazo, niega sistemáticamente la labor crítica y propositiva que estoy obligada a realizar.

He de decir, por otro lado, que esto lo soporto como una parte más del compromiso que he adquirido con los mostoleños; con incredulidad y estupor pero con paciencia resignada no exenta de curiosidad y, si he de ser sincera, una pizca de morbo. Todo ello por ver como el personaje se devana los sesos para encontrar la fórmula que me haga parecer ante los ciudadanos como un auténtico demonio. Y observando sus estériles, pero enrabietadas iniciativas, le descubro tratando de colar zafias mentiras, imputaciones insostenibles y atribuciones disparatadas. Al ser todas ellas fantasías que materializan un malsano deseo, no consiguen otra cosa que poner en evidencia a su persona y convertirse en el hazme reír de muchos ciudadanos con criterio libre. Lo grave es que, de paso, está envileciendo también la figura institucional de alcalde que, en la realidad democrática, pertenece a todos los ciudadanos que la conceden de forma transitoria.

De entre toda esa diatriba que se trae como inquisidor siempre me ha llamado la atención, ya desde la campaña electoral, su obsesión por mi casa familiar. La hace aparecer en casi todos sus discursos en un tono  recriminatorio y lleno de resentimiento. Y por más que me esfuerzo no alcanzo a comprender el porqué. He de decir que poseemos una casa cómoda y funcional pero nada lujosa; propiedad que fue adquirida hace muchos años con el esfuerzo del trabajo y que constituye una satisfacción en mi proyecto vital.

Visto esto como algo normal y común a mucha gente me sorprende el interés y la prisa que se dio el Sr. Parro por ver donde vivía yo, espero que lo hiciera el personalmente y no se lo encargara a ningún funcionario. No es que me moleste, pero sabiendo que algunas ordenaciones jurídicas consideran como delito merodear por el domicilio de una persona, pues algo si te preocupas, porque nunca sabes con qué interés se hace algo así. Por otro lado, a mi jamás me ha preocupado dónde vive el alcalde, no lo considero relevante, pero oyendo como califica de gran palacio nuestra vivienda y, además, lo hace con esa desaprobación que suena a resentimiento, deduzco que él no posee ninguna o que la que tiene no le satisface o no cumple con unos mínimos de confortabilidad. En cualquier caso tiene la oportunidad de hacer caso al Grupo Municipal Socialista que le venimos pidiendo que aumente el porcentaje de viviendas protegidas y así tendrá más oportunidades de que se le adjudique una, aunque creo que en sus circunstancias quedaría muy feo.

De todas formas es incoherente que el Sr. Parro, seguidor acérrimo del liberalismo económico extremado que representa Esperanza Aguirre, se manifieste en esos términos. Por lo menos, su jefa de filas no cae en la hipocresía y lo reconoce abiertamente sin complejo alguno.

D. Esteban presenta problemas ideológicos o más bien practica el camaleonismo político: por un lado es el defensor del individualismo social que propugna su liberalismo declarado y, por otro, poco menos que pide la colectivización de mi casa en aras de no se qué ideario revolucionario.

Esos comportamientos son inmaduros y demasiado viscerales. Ese no es el camino para hacer política seria (yo no concibo otro tipo de política). A ver si se entera de una vez, de que en la España democrática una socialista tiene el derecho inalienable de vivir en una casa como la mía, que estoy orgullosa de ello y de haberlo conseguido con trabajo y esfuerzo. Y lo que tenemos que hacer los gestores públicos es dejarnos la piel para que todos aquellos que no tienen esa suerte puedan acceder a una vivienda digna y de calidad. Reconsidere que tiene que comprometerse con la vivienda protegida, que no lo está haciendo, y se ocupa más en beneficiar a unos pocos.

Su actitud Sr. Parro es tramposa y demagógica y sólo intenta confundir a los ciudadanos. Usted está en disposición de ofrecer soluciones y así sólo ofrece frustración y resentimiento.

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