El limbo histórico.
Es indignante la falta de consideración del PP con las víctimas del franquismo. Calificar de “campaña brutal y antidemocrática” las manifestaciones contra el procesamiento del juez Baltasar Garzón por su investigación de los crímenes del franquismo y contra la impunidad de los delitos cometidos durante la Guerra Civil y la dictadura. Esperanza Aguirre tampoco se quedó corta al llamar “carcamales” a los miles de personas que llenaron de fotografías de las víctimas del franquismo la calle de Alcalá. Honrar su memoria y homenajear a sus seres queridos es un derecho que la derecha más radical de nuestro país pretende hurtar a sus familiares.
Cuando todavía resuenan esos tristes ecos en tapias de cementerio y cunetas de nuestra geografía, hemos de tener muy presente que no es sólo una cuestión de justicia, es también, y sobre todo, de dignidad.
Es cierto que en la transición democrática se pusieron las bases sólidas y compartidas de la reconciliación y de acabar con el guerracivilismo; pero, precisamente, ese generoso esfuerzo por la convivencia de la mayoría inmensa de españoles es el que debe inspirar una profundización en la reparación de las heridas tan profundas que los crímenes del franquismo causaron.
Oigo voces, también desde la izquierda que, en su afán por dar fin a este limbo histórico, abundan en las otras represiones y crímenes; y tienen razón, pero quizá olvidan que unos tuvieron reconocimientos y beatificaciones y muchas prebendas, mientras en las cunetas crecía la hierba y muchas familias amasaban su dolor esperando que la verdad aflorara. Hoy sí es posible investigarla y a nadie debería molestarle, es un derecho basado en la profundidad de las heridas que les causaron, del miedo y el olvido que les impusieron y que, a pesar de todo, no han impedido que la hondura y la verdad del sufrimiento padecido, por tantos, y a lo largo de tantos años, nos siga mirando a los ojos. Garzón se ha atrevido y lo está pagando caro.
Es por tanto un mal ejemplo para las generaciones futuras la actitud frentista del PP ante ciudadanos legitimados para ejercer sus derechos de opinión y manifestación. Ya nos vamos acostumbrando… pero cuesta digerir el continuo y visceral rechazo a cualquier manifestación que no les conviene a sus intereses por parte de la derecha.
En Móstoles aplican el mismo manual pero con un formato que bordea el paroxismo: da igual que sean los sindicatos, los policías, el grupo de la oposición municipal, ciudadanos engañados, padres de niños ignorados en sus necesidades educativas o vecinos agraviados, que todos reciben su merecido si se manifiestan contra los intolerantes del PP de Móstoles, que están siendo desenmascarados en toda su crudeza.





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