El poder no corrompe, el poder desenmascara.

Es difícil encontrar comportamientos tan despóticos y desmedidos como los de Esteban Parro. Todo político sabe que debe guardar unas formas y que si estas se pierden, se produce de forma puntual, y suele ir acompañado de una posterior disculpa.

Con Parro se dan unas sorprendentes circunstancias, se comporta con una agresividad excesiva, se encuentra cómodo en el insulto y el ululato, es extemporáneo e impertinente y nadie ha debido explicarle lo que es la amabilidad. Si fuese yo la única que padece sus excesos, podría colegir que se trata de animadversión personal, carencias para el debate político o malsana pasión política; pero le he visto comportarse de igual forma con muchos vecinos. Y lo que me parece inadmisible es que no rectifica, no se disculpa. Esto es lo más preocupante, que pueda creer que su comportamiento es correcto. ¿No habrá nadie en su entorno que le haga ver la realidad? Decía Sir Winston Churchill que “hay hombres que se dan de bruces con la realidad y se levantan y se alejan como si nada pasara”.

La realidad de Parro es que no admite la crítica, no la soporta. Sólo desea la zalema y la lisonja y, sobre todo, tiene mal comprendidos los principios de la dialéctica democrática, en la que se exige defender la existencia de la pluralidad. No se puede, aunque lo hizo en el Pleno del pasado día 11 de febrero, decir: “que un gobierno democrático lo que tiene que hacer es mandar”. Decir estas cosas equivale a no entender a los ciudadanos de Móstoles, no representarles adecuadamente. Lo que buscan los vecinos es gestión, coordinación de equipos, planificación del trabajo, ideas brillantes, capacidad de trabajo, dedicación, talante y talento, diálogo y espíritu de consenso y, por qué no, amabilidad.

Más allá del continuo exabrupto que dispensa al que no se somete a sus pretensiones lo que preocupa es lo que traslucen esas palabras en un Pleno. Siempre pensé, viendo sus formas, que a él lo que le gusta es mandar. Ya no tiene pudor alguno en verbalizarlo públicamente. Y no dejaría de ser una cuestión de deseos personales y forma de pensar de Parro si no fuera porque en las instituciones se está para servir, para recoger el mandato de los ciudadanos y trabajar para ellos, mejorando cada día sus condiciones de vida, su entorno y sus perspectivas; también para profundizar en los valores y la buena convivencia.

Hemos avanzado lo suficiente en nuestra cultura democrática para cuidar cómo se utiliza la palabra mandar en el contexto político. Por suerte suena a pasado de ingrato recuerdo, tiene connotaciones de comportamiento visceral, más que racional. Se podrá decir que constituye un desgraciado exceso verbal, pero si esto va unido a una actitud deplorable en ya demasiadas ocasiones, pues, resulta de difícil digestión.

Quiero decirle que se equivoca, que su sonriente propaganda, que pagamos todos, no le alcanza para tapar sus errores.

Amo tanto la libertad que jamás me permitiré indicar, a nadie que no lo desee, como debe conducirse en su vida; como mucho manifestaré mi desacuerdo, incluso mi espanto ante sus comportamientos y siempre estaré frente a los que con ellos dañen a los demás. Rescato una frase de Rubén Blades, que aunaba belleza y compromiso social en sus canciones, que decía: “el poder no corrompe, el poder desenmascara”. Tomemos nota.

[…] la ira le ciega. Inquina, odio, rabia, misoginia, ira… son las manifestaciones del proceder pol

25/03/10 - 22:42 | jlprieto.net »  Sobrese