El tamaño no es lo que importa.
Siempre tuve un gran respeto, no exento de agradecimiento, por el Presidente de la República Francesa, Nicolás Sarkozy, ya desde que fuera ministro del interior, por su gran contribución a la lucha contra los asesinos de ETA, entre otras cosas. Ahora, recibo con curiosidad los comentarios de la prensa sobre las supuestas disposiciones para que los miembros de su escolta no sean altos, y de este modo no hacer evidente su aparente baja estatura. Confieso que siempre me ha parecido un dispendio de valores el tasar a las personas por su aspecto físico; pero tal y como están las cosas en nuestra sociedad, parece que existe el fuerte deseo de aparecer ante los demás de forma atractiva, basándose en modelos preconcebidos e impuestos.
Creo que caemos en el error cuando ese afán por brillar en las formas nos lleva a no aceptarnos como realmente somos. Y todavía empeoramos más las cosas si, con estas actitudes, desvirtuamos los valores de nuestro entorno, tratando de amoldarlos egoístamente a la medida de nuestras carencias e inseguridades. Esto es exactamente lo que está ocurriendo en la política mostoleña, que no existe una dialéctica democrática. Tenemos un PP tiranizado por Esteban Parro, que no se encuentra cómodo en su realidad: a pesar de su mayoría absoluta, no es capaz de sacar adelante las iniciativas que requiere una ciudad joven y vital. Suspende de forma reiterada ante los requerimientos de los ciudadanos. Presentan un perfil muy bajo en gestión, donde el error y el inmovilismo son la nota dominante. Todo ello frustra sus expectativas de futuro, porque los mostoleños se cuestionan, cada vez más, la conveniencia de tener un equipo de gobierno así.
Ante esta realidad, en lugar de asumir sus carencias, aceptar que comenten errores, e intentar dar una mejor versión de ellos mismos, lo que hacen es tratar de rebajar, a toda costa, el nivel de crítica que reciben de la oposición. Son, como en la canción, “algo chiquitito” y para que no se note, pretenden una barbaridad nada democrática: que la oposición se agache y calle, que yo me marche, ¡que me quiten¡ O peor aún, que sea dócil y connivente, que es como ellos se encuentran cómodos y se ven grandes.
Es evidente que ese no es el camino, que lo que han de hacer de una vez es levantar la vista de ese pozo seco en el que se han instalado. Los mostoleños esperamos que abandonen los regates políticos y administrativos que han venido realizando con el Plan General o las contrataciones, que dejen de despilfarrar, de gobernar para unos pocos y de utilizar el dedo para favorecer a los amigos, esperamos que sean más transparentes y eficaces, que muestren una actitud receptiva y solidaria que se refleje en verdaderas políticas sociales.
Déjense de lastimeros lamentos impostados, no sean como el niño de sainete que, siendo mal estudiante, al suspender, se justifica diciendo que la señorita es muy mala y le tiene manía. Le aseguro que yo, personalmente, no le tengo inquina, lo que ocurre es que no dan la talla.





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