Los Miserables

Han pasado más de dos años desde que, con ilusión y alentada por mis compañeros del PSOE, decidí aceptar la responsabilidad y el honor de ser candidata a la alcaldía de Móstoles. Se trataba de configurar un nuevo proyecto que, desde la honestidad y el trabajo, lograse recuperar la confianza de los ciudadanos. Siempre me han movido la fidelidad a los valores, la coherencia y el desarrollo de ideas lo más acendradas e imaginativas posible. Sin más tiempo que el de preparar la campaña electoral conseguimos iniciar esta ilusionada andadura junto a los ciudadanos de Móstoles y cumplir nuestro cometido democrático.

Con estas premisas estoy sinceramente sorprendida del empuje e ilusión que muestran muchos ciudadanos mostoleños y militantes socialistas. Esto nos permite presentar, mediado el mandato, un importante trabajo de oposición que fructifica en infinidad de propuestas y un eficaz control del Gobierno Municipal. Este ha tenido, incluso, que ser rectificado en una de las acciones más importantes de un gobierno municipal: el Plan General de Ordenación Urbana – en este caso con la inestimable colaboración de Ecologistas en Acción y Ciudadanía por Móstoles – con el que pretendían desproteger nada menos que 4 millones de metros cuadrados de suelo protegido de forma irregular.

Esta normalidad democrática, que me ha permitido mostrar otros modos políticos, ha chocado desde el primer momento con una anormalidad política consistente en el desmedido y feroz ataque a mi persona, y por extensión a todos aquellos que se suman al proyecto que yo encabezo. Sé que, al decir esto, puedo levantar alguna suspicacia fácil, sobre todo entre los menos informados. Pero ha pasado ya el tiempo suficiente y han ocurrido hechos tan variados y esclarecedores que puedo afirmar, con rotundidad, que existe una estrategia organizada de acoso y derribo en el que algunos gastan mucho dinero y esfuerzo de una forma que se aleja de toda lógica. Está claro que no se trata sólo de animadversión, deseo de acceder a mi cargo o una mal entendida oposición política sin concesiones; pues, aun llevadas al exceso, constituirían pasiones que pueden llegar a comprenderse. Es algo muy distinto, es una acción cooperativa y antinatural dada la disparidad, variedad y aparente incompatibilidad de los agresores. Todos han coincidido en el insulto, el menosprecio, el acoso, la difamación, la maledicencia, la envidia enfermiza, el mirar para otro lado, la estulticia, la contraprogramación de agendas, la saña, la bilis, el veneno…

He visto a personas, a las que me consta que caigo bien, tratarme con cariño y deferencia en ausencia de los “otros”, pero que me evitan de forma vergonzante cuando ronda el “comisario político” de turno. He sentido también el tierno aliento en los ojos de muchos, en mi actividad municipal, pero su boca era incapaz de articular las palabras – presiones, temor, desidia…- . Yo agradezco el menor gesto pero considero impagables los de aquellos que no miran a los lados cuando me dan su apoyo. Os aseguro que son muchos, cada vez más. Disfruto de la alegría al ver que, a pesar de los estériles esfuerzos que empeñan aquellos que desean una oposición domesticada, o mejor aún, la ausencia total de oposición, obtienen el resultado contrario a sus oscuros intereses.

Voy perfilando poco a poco qué afán mueve a estos taimados personajes deseosos de mantener el statu quo: la codicia. Y quiero decirles que no lo van a conseguir, que estamos abriendo ventanas, que sus agresiones no alcanzan a la convicción firme en los valores y la dignidad, ¡que somos ya muchos!

 Tienen que asimilar que existen la realidad y el deseo, ese permanente e insoslayable contraste del que, con exquisita intimidad, cantó el genial Luís Cernuda.

 Gracias de todo corazón a todos aquellos que me dais vuestro apoyo, que miráis con ojos limpios y me traéis a la memoria un pasaje de “Los Miserables” en el que Víctor Hugo que habla de la virtud, no como el alejamiento del mal, sino permanecer con el barro de la vileza cubriéndonos hasta las rodillas, sin ahogarnos nunca en él.
 

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