No es soberbia, es cobardía.

El comportamiento que muestra Esteban Parro con los vecinos críticos con su gestión pone de manifiesto que carece de los mínimos atributos necesarios para la representación pública.

En el pleno de ayer dio un vergonzoso espectáculo: mandó detener a un vecino para no recibir sus críticas. Gracias a que la policía, conocedora de la ilegalidad de la orden, no la cumplió. Este alcalde pierde la compostura con mucha facilidad, - ya son demasiadas muestras de su despotismo nada ilustrado-. No sabe o no quiere dialogar; siempre creímos que su actitud era soberbia con aquellos que le reprueban sus acciones, pero empezamos a darnos cuenta de que es la cobardía lo que realmente le hace esconderse detrás de la policía, del exabrupto, la mentira o los malos modos.

Señor Parro, todavía no se ha dado cuenta de que al ciudadano hay que dejarlo hablar y respetarlo, no ofenderlo y jamás acosarlo. Asumir las críticas es una obligación democrática que un alcalde debe poner en práctica; no se puede levantar la sesión de un Pleno como usted lo hizo ayer, dejando a los vecinos con la palabra en la boca y avergonzando a todos con sus desmedidas actitudes que nos retrotraen a épocas que sólo deben permanecer en la memoria para no repetirlas.

También tiene que comprender que la Policía Local de Móstoles es una noble Institución al servicio de los ciudadanos y no el escudo de su frustración política. Así lo entienden la inmensa mayoría de sus componentes a los que usted compromete con su fallida jefatura.

Una máxima de Tácito dice: “irritarse por un reproche es reconocer que se ha merecido”. Usted no sólo se irrita, además pierde los papeles.

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