Por la vida de las mujeres, ni una asesinada más.

Desde el pasado martes estoy en Guatemala, con la Plataforma de Mujeres Artistas por la Paz, con el objetivo de denunciar los femicidos de este país. En el periodo 2000-2008 más de 4.300  mujeres fueron asesinadas después de ser acosadas, violadas, torturadas y muchas de ellas descuartizadas. Existe una normalización de estos asesinatos, y en este sentido, es muy importante reforzar a las organizaciones de mujeres guatemaltecas que luchan contra la violencia de género.

A pesar de los esfuerzos del gobierno para luchar contra esta lacra, el número de víctimas se incrementa, y existe una utilización del cuerpo de las mujeres como campo de batalla y como botín de guerra.

Nuestra agenda es muy intensa: el miércoles nos entrevistamos con representantes de más de 50 organizaciones de mujeres guatemaltecas, un encuentro coordinado por UNAMG, Sector de Mujeres y Red de la No Violencia. Posteriormente nos recibió el Presidente del Congreso de la República, el diputado José Roberto Alejos; la Primera Secretaria de la Junta Directiva del Congreso, la diputada  Maura Estrada y la Presidenta de la Comisión de Mujer del Congreso, la diputada Delia Back. En esta reunión les trasladamos las reivindicaciones de los colectivos de mujeres y se comprometieron a llevarlas a cabo.

Fue muy emocionante el encuentro con el alcalde de La Antigua Guatemala, el Dr. Adolfo Vivar, porque el Pleno del Ayuntamiento nos declaró “Visitantes Distinguidas” por nuestra lucha contra la violencia de género.

El jueves visitamos la Fundación de Antropología Forense de Guatemala institución que contribuye, junto con el sistema judicial, a la documentación y divulgación de los casos de muerte no esclarecidos mediante la aplicación de las ciencias forenses y sociales. Esta fundación ha realizado más de 1.000 exhumaciones, identificando el 63% de los restos, contribuyendo de forma fundamental al fortalecimiento del respeto a los derechos humanos.

El  viernes viajamos a Nebaj, en el área de Quiché, una de las zonas más pobres de Guatemala, fue impresionante. Durante la guerra fue uno de los sitios más reprimidos y castigados, y sus secuelas llegan hasta nuestros días: miles de desaparecidos,  niños y niñas asesinados, millares de familias rotas que siguen esperando poder enterrar a sus muertos con dignidad.

La emotividad del concierto en esta ciudad, al que asistieron más de 5.000 mujeres indígenas, fue indescriptible. Su entusiasmo y gratitud llenaban de sentimiento el espacio, porque sabían que no estaban solas, comprobaron que organizaciones de mujeres españolas estaban tejiendo redes con ellas, que nos comprometíamos a reforzar sus derechos.

¡Por la vida de las mujeres, ni una asesinada más¡

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