Primarias
Con el tiempo he aprendido que los proyectos colectivos deben primar sobre los individuales, sobre todo en aquellos cuyo desarrollo puede influir significativamente en la orientación de los cambios sociales. Y de forma derivada entiendo que la elección de las personas que lideran esos proyectos precisan de procesos pausados, bien madurados y alejados de impulsividades contingentes.
No cabe duda de que el PSOE es un gran proyecto colectivo y plural, organizado democráticamente y que se caracteriza por tener líderes sólidos y estables en el tiempo y con un compromiso demostrado de continuidad en el trabajo por conseguir los objetivos que fijan las mayorías. Esto ha significado, a lo largo de su historia, una seña de identidad que lo ha fortalecido y que todos reconocemos como un valor propio, que debemos preservar de los narcisismos del poder.
Si analizamos con firmeza lo acontecido en los últimos años en el PSM, creo que todos podemos suscribir que aquella gran mayoría de militantes que nos comprometimos a acompañar con nuestro trabajo, la nueva andadura política de Tomás Gómez, asumíamos, de forma tácita, que sería el candidato a la Comunidad de Madrid (respetando, por supuesto, todos los procedimientos orgánicos que los Estatutos del Partido disponen). Recientemente, esta realidad ha querido ser cambiada utilizando argumentos que no me parecen suficientes y carecen del peso necesario para hacernos olvidar que hay mucho trabajo realizado; y el edificio del PSM ha cubierto aguas, es decir, Tomás Gómez está a punto de completar el edificio que le encargamos realizar.
Esta es una realidad tangible frente a un proyecto, -el de Trinidad Jiménez– que puede ser tan bueno, pero que se encuentra en fase embrionaria y no cuenta con las ventajas que representa Tomás Gómez en la recta final de una gran carrera, bien planificada, para recuperar la Comunidad con un gobierno socialista.
Trinidad Jiménez es una gran mujer, una socialista de las que labran para el futuro, a la que respeto y admiro, pero creo que para el acontecimiento de las primarias que nos ocupan, no está eligiendo el mejor vestido político; a pesar de contar con auténticas joyas de compañeros, imprescindibles en cualquiera de los resultados posibles, está mezclando demasiadas telas que desmerecen el resultado final.
Frente a esto, tenemos a Tomás Gómez, con su sobria indumentaria, a medida de las bases, que no se arruga y que, por cierto, le sienta muy bien. Mi apoyo es para él.





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