Rectificar
Siempre creí que los excesos del PP mostoleño eran la consecuencia de la casual mezcla de un alcalde refractario a la crítica y de algunos concejales convertidos en epígonos ansiosos de notoriedad a falta de otros valores políticos. Sin embargo, la crudeza de la estrategia del PP, también en sus instancias más altas, comienza a clarificar una desagradable realidad: de seguir con esta actitud no podremos dudar de que esta irresponsabilidad es un defecto de base del principal partido de la oposición que vicia la normalidad democrática española.
Ningún partido político está inmunizado ante la corrupción, pero su obligación, y en ello nos va la credibilidad, es atajarla y combatirla con prontitud y sin vacilaciones. El PP no está afrontando con suficiente escrúpulo lo que parece ser una más que posible financiación irregular de su formación; parece, más bien, que tratan de tapar y negar lo que ya se muestra evidente. Y todo ello con una única estrategia que cuestiona el propio funcionamiento de las instituciones democráticas.
Son demasiadas barbaridades juntas para creer que pueda ser algo contingente y puntual. No se puede desacreditar el Estado de Derecho con una actitud tan irresponsable que carga contra jueces, fiscales, policías…
Vuelven a utilizar el terrorismo de ETA en el juego político. Hemos visto nada menos que a Federico Trillo pidiendo dimisiones. A Esperanza Aguirre haciéndose “la nueva” con los espionajes y a Carlos Fabra con su “ajo, agua y resina” pretendiendo ser el paradigma de la honradez. Lo que ya me desborda son los últimos excesos de Mª Dolores de Cospedal. Son auténticas insidias y una flagrante persecución jurídica que acusa sin pruebas y pretende que el acusado pruebe su inocencia.
La rentabilidad electoral no puede estar por encima de todo, tienen que rectificar.





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